Hay gestos, detalles y rutinas que nos transmiten paz. Y también hay otros que nos generan un ruido de fondo, un desagradable runrún que altera nuestro humor. Entre los muchos agentes estresores que pueden condicionar no solo nuestro estado de ánimo, sino también nuestra salud, está el desorden. Encontrarnos en un entorno desorganizado nos roba tiempo, nos agota, nos produce sentimientos de culpa y, además, obstaculiza nuestro equilibrio psicológico y emocional. 

Tiene lógica que, en este contexto, hayan triunfado los libros y las enseñanzas de Marie Kondo. Es la magia del orden en contraposición a la ansiedad que provoca el caos. Es cierto que seguir a rajatabla las enseñanzas de la japonesa no es tarea fácil, pero al menos podemos ir intentando poner límites a ese desorden. Se trata de simplificarnos la vida: cuanto mejor tengamos organizados nuestros espacios, antes terminaremos lo que tengamos que hacer y, además, llevaremos a cabo nuestras tareas con mucho mejor humor. 

Esto se aplica a la perfección a nuestra cocina. Un espacio despejado y limpio anima a hacer esa receta que llevas tanto tiempo queriendo hacer; una nevera limpia te ayuda a entender de un vistazo qué puedes comer hoy; una despensa organizada te dice cuándo toca volver a comprar. 

Encontrarnos en un entorno desorganizado nos roba tiempo y nos produce sentimientos de culpa. Un espacio despejado y limpio nos anima a hacer esa receta que llevamos tanto tiempo deseando hacer. 

No son solo los alimentos: también nuestro menaje habla de nosotros. Un gesto tan sencillo como el de ordenar el cajón de los cubiertos -en donde tantas veces acumulamos de cualquier manera otros utensilios, desde el abrelatas al pela patatas, desde el sacacorchos al cascanueces…- nos hará encontrar sin dificultad lo que buscamos; definir el espacio adecuado para los vasos, por ejemplo, evitará que los vayamos apilando, con el riesgo de que se rompan o se hagan el vacío.

También mantener en orden el resto de nuestro menaje nos ayudará a gestionar mejor nuestra cocina. Lo comentábamos recientemente en otro post, en el que hablábamos de las virtudes del mango extraíble para mantener bien colocadas nuestras sartenes. Esa misma utilidad la encontramos en nuestras ollas y cacerolas. Así, los modelos Ingenio de Tefal están diseñadas para permitir que se coloquen unas dentro de otras sin apenas ocupar espacio, ni físico ni visual. Entre estos modelos destacamos hoy los de efecto piedra en aluminio revestido, que son compatibles con todo tipo de cocinas, incluida la inducción, y que tienen un revestimiento antiadherente. 

Otro concepto diferente, y especialmente armonioso, es el de las cacerolas Mutine Zenith Cristel, elaboradas en acero inoxidable inox de alta calidad 18/10, que cuentan con un mango ergonómico extraíble de tacto suave en baquelita. Tienen fondo termodifusor y un acabado brillante, y puedes cocinar con ellas en el horno, ya que soportan temperaturas de hasta 300ºC

Con ellas no solo tendremos unas excelentes ollas de fácil limpieza y en las que no se nos pegará la comida, sino también una ayuda para que mantener el orden en nuestra cocina sea más fácil que nunca.  

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